sábado, 29 de enero de 2011


Las caras de María
Álbum de fotos.


I

Una mujer radiante
ancha la sonrisa
ojos del prado
de los soñadores.
Labios entreabiertos
Como puerta y
promesa.
María enamorada.

II

Su cuerpo se redonda
como un tecomate
relleno de dulzura.
Su rostro ha cambiado
poblado de preguntas.
Mantiene la sonrisa
con la mirada mezcla
de la vida y la muerte.
Fecunda por el Sol
María está poblada.

III

Un nudo marinero
le crece en las entrañas.
Su mano lo acaricia y
tararea Nanas de la Cebolla
o Farewell indistintamente
para el imaginado
para la imaginada.
Piensa que te piensa
piensa que se inventa
y mientras se reinventa
agitada de viento
aquella fruta cae.
María desolada.

Marisol Briones

miércoles, 26 de enero de 2011

EL POBRE,PRIMERA RAZÓN DE NUESTRA ESPERANZA



Esta frase es de Don Samuel Ruiz, Obispo emérito de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, quien falleció el pasado lunes 24 de enero a causa de un daño obstructivo arterial. Don Samuel nació en 1924 en Irapuato, México; la mayoría de su vida residió en San Cristóbal de las Casas, lugar en el que fue nombrado obispo en 1959 a la edad de 35 años, y donde acogió las causas indígenas. En 1994, tras el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, fue nombrado miembro de la Comisión Nacional de Intermediación, puesto que dejó en 1996.

Don Samuel era uno de esos grandes obispos testigos de la fe cristiana del continente latinoamericano, de la talla de Monseñor Méndez Arceo, Monseñor Leónidas Proaño, Hélder Cámara, Juan Gerardi, Moseñor Romero, y Don Pedro Casaldáliga, entre otros. Varias veces estuvo en nuestro país solidarizándose con las luchas vinculadas al reconocimiento de los derechos humanos, e identificándose con la tradición martirial de nuestro pueblo. En uno de sus últimos escritos titulado “Mi biografía teológica”, sostiene que el pobre es la primera razón de nuestra esperanza, no en cuanto vive las situaciones de injusticia y opresión que le hacen pobre y le marginan, sino por la fortaleza y la determinación con que vive y enfrenta esas mismas situaciones, en lucha diaria por derrotarlas y revertirlas.
Cuando el Concilio Vaticano II habla del ministerio de los obispos, sostiene que estos deben anunciar el Evangelio de Cristo, llamando a los hombres y mujeres a la fe con la fortaleza del Espíritu, o confirmándolos en la fe viva. En cuanto santificadores el Concilio señala que éstos están obligados a dar ejemplo de santidad con la caridad, humildad y sencillez de vida. Y en el ejercicio de su ministerio de padre y pastor deben comportarse en medio de los suyos como quienes sirven, como pastores buenos que conocen a sus ovejas y son conocidos por ellas (cfr. Christus Dominus 12-16). Don Samuel ciertamente fue un obispo de ese talante. Pero no sólo fue un maestro de la fe y un santificador de los fieles, sino también un profeta de la justicia y de la esperanza.

En su biografía teológica a la que hemos hecho referencia señala un conjunto de tareas de cara a propiciar nuevas realidades que hagan posible el advenimiento del Reino de Dios. Enunciamos algunas que son ya, parte de su legado:

“Trabajar incansablemente por establecer la justicia y el derecho en un nuevo orden mundial, para consolidar una paz inalterable y duradera, y así conjurar definitivamente el flagelo de la guerra; Continuar construyendo el nuevo modelo de unidad, con el respeto a las diferencias y a los derechos de los más pequeños, así en la sociedad, como en el seno de las diferentes confesiones religiosas; Apoyar las tareas de protección y conservación de la tierra, hogar común y herencia para las nuevas generaciones ; Participar, según el lugar que tenemos social y religiosamente, en la construcción de ese ‘otro mundo posible’; Colaborar con el Padre en esta Nueva Hora de Gracia: en su obra siempre creadora y siempre redentora, manifestada en esos brotes tiernos que prometen buenos y abundantes frutos”.

En suma, Don Samuel Ruiz nos deja la herencia de un obispo que ha sido testigo del Evangelio para la esperanza del mundo, especialmente, del mundo de los pobres; nos deja un legado de valiente opción por los pobres que le costó persecución y muchos rechazos. Su misión estuvo movida a misericordia por el sufrimiento del pueblo indígena, como en otros tiempos lo hiciera Fray Bartolomé de las Casas. Tatic (padre en totzil), como lo llamaban los indígenas de su arquidiócesis, deja una tradición de lucha y esperanza que ha de seguir animando a los hombres y mujeres soñadores con el “mundo otro” necesario y posible.

Editorial YSUCA 25111

martes, 18 de enero de 2011

domingo, 16 de enero de 2011

OFRENDA DE SANGRE Y CORAZONES

Celebraban su amor
como la fiesta de la miel.
Descubrían espacios
en mundos paralelos.
Viajaban en el tiempo.
Se presentían
se consentían
se contemplaban.

Era Otoño.

Estas ahí?



Garra de Jaguar, aunque de tierra fría
derramó lava dentro
de su cuerpo.

Estoy aquí.

Ella volvió a Alotenango
cargando una estrella fugaz.

Estás aquí.

Esposo paga
repiten en coro
las indias de Antigua.

Estás ahí?







Sentada bajo
la gran Ceiba
barajó los derechos
de uno,

lejos, pero estoy

de otro
y
del tercero incluido

Estás ahí?






Cuánto derecho a decidir
dan los años
los primeros
los últimos.









De quién son los derechos más humanos?

Cuántas dudas en las alas?


Qué es justo
Qué es correcto
Cuando el tiempo se acaba.

Decidió
y
En viejo ritual penitencial
Extrajo dos corazones palpitantes
que ofrendó al sol

desangrándose.


Marisol Briones

viernes, 14 de enero de 2011

Rafael Lara Martínez, Mitos en la Lengua Materna de los Pipiles de Izalco


Hacia una literatura y filosofía náhuat-pipil

Rafael Lara-Martínez


(New Mexico Tech, soter@nmt.edu)
Desde Comala siempre…

Hace ochenta años, previa a toda globalización actual, existía una antropología globalizada. Uno de los pioneros de la antropología estadounidense, Franz Boas, financió el viaje del alemán Leonhard Schultze-Jena a El Salvador, en el verano de 1930. El mismo Boas era profesor de Manuel Gamio, uno de los fundadores de la antropología mexicana. Del cuadrilátero internacional —Alemania, EEUU, El Salvador y México— brotaba una inquietud singular.

El centro de una región cultural, —la mesoamericana que se extendía de México hacia Centroamérica— lo explicaría el margen. Para el caso, se investigaría la frontera sur de esta área, compuesta por el Pacífico guatemalteco, el occidente salvadoreños y el Pacífico nicaragüense. En esa geografía tropical se asentaban los parientes más lejanos de una familia de lenguas panamericana. Su nombre —lenguas yuto-nahuas— capturaba ambos extremos. Los idiomas de esta familia se extendían desde el suroeste de EEUU—del Aztlán mítico de los mexicas— al norte y centro de México, hasta El Salvador y Nicaragua.

En el istmo, las lenguas náhuatl-pipil y pipil-nicarao ofrecían un neto desafío al estudio más pormenorizado de las lenguas norteñas y de las variantes del náhuatl-mexicano al centro del altiplano. Este reto lo comprendió Schultze-Jena a cabalidad, quien en unos tres meses de intenso trabajo de campo transcribió más de cincuenta relatos en lengua náhuat-pipil. Sistematizar el material le llevó cinco años.

En 1935, en su país natal, publicó Indiana II. Mitos en la lengua materna de los pipiles de Izalco en El Salvador (Mythen in der Muttersprache der Pipil von Izalco in El Salvador). El texto se hallaba escrito en náhuat-pipil y alemán. Hasta la fecha no existe una traducción directa al español de los relatos náhuat-pipil, ya que la obra del olvido da cuenta de la memoria histórica salvadoreña.

Este compilación recopila el ciclo mitológico más completo en lengua náhuat-pipil. Brinda el ejemplo más complejo de una literatura en un idioma indígena nacional, el cual todos sus contemporáneos salvadoreños (Luis Gallegos Valdés, comprometidos, etc.) ignoraron, como el presente se jacta en desdeñarlo. Todo este desprecio radica tal vez en el deseo ferviente por no admitir otra modalidad de expresión salvadoreña que no sea la hispana y la occidental.

Los relatos desglosan una literatura, un pensamiento y una filosofía náhuat bastante peculiar. La “lengua materna de los pipiles” despliega una “ciencia de lo concreto”, la cual nos conduce de una codificación particular del mundo a la experiencia de lo vivido o, en sentido contrario, de la experiencia encarnada en el cuerpo humano se asciende a la abstracción del pensamiento filosófico.

El náhuat-pipil ofrece una aritmética que se aparta del sistema vigesimal (20, 400, 8000…) de las lenguas vecinas para convertir la mano con sus cinco “hijos” o dedos en la base de todo conteo. La primera idiosincrasia de una filosofía náhuat-pipil consiste en fundar un sistema quintesimal (5, 25, 125…), inédito incluso en el náhuatl-mexicano. La conversión de los dedos en número se acompaña de una red de símbolos que transforman lo concreto en abstracto.

Los dedos o maapipil —los “hijos de la mano”— se corresponden a cinco mazorcas que en su anhelo utópico atrapan una estrella distante, compuesta también en forma de pentágono. De lo que se mantiene como inmediato, la mano y sus retoños, el cuerpo humano se proyecta hacia la agricultura, la mazorca de maíz, hasta culminar en la astronomía, la estrella más distante.

Este simple ejemplo sirve de base para anotar la clave distintiva de una filosofía pipil. La abstracción aritmética —número cinco (5), maacuil, o “lo que se man-tiene”— y la astronómica —la estrella distante— se asientan en el cuerpo. Igualmente, una idea de la historia se arraiga en un órgano específico —el hígado, yel— como centro dinámico de lo que se recauda y dilapida. El juego de complementos opuestos entre memoria y olvido —inclusión y exclusión del pasado— se traduce en el “encuentro-entrañable (el-namiqui)” de los hechos históricos que se guardan con recelo y en la “perdida-entrañable (el-cahua)” de todos los otros hechos que se olvidan adrede o por negligencia.

Si esos dos rizomas corporales de la agricultura y astronomía, por una parte, y de la historia, por la otra, demuestran cómo lo humano se proyecta al mundo y al universo, hay que rastrear otras correspondencias semejantes. De lo concreto, de lo palpable y vivido, la filosofía náhuat-pipil se alzaría hacia la abstracción natural, sideral, pretérita y utópica.

La mayor experiencia mito-poética náhuat-pipil confirma la centralidad del concepto de cuerpo. Al joven se le ofrece una manera peculiar de iniciarse a la vida adulta y a los misterios religiosos. Debe explorar las entrañas de la tierra como un organismo vivo y palpitante. A su interior se penetra por cuevas u orificios que desde antaño guían el nacimiento y la muerte de lo existente.

Chicomóztoc las llaman al centro del altiplano cuyas siete cavernas se equivalen al igual número de aberturas en el cuerpo humano, de las superiores —los ojos, oídos, fosas nasales y boca— a las inferiores, la uretra o vulva y el ano. De esos huecos recónditos de la Tierra nace incluso Nextamalani —Venus, en su calidad de estrella matutina, la molendera de ceniza y tortilla. Desde una ciénaga barrosa , el lucero de la mañana se alza al vuelo para anunciar luminosa la llegada del nuevo día y la preparación del alimento cotidiano.

Así, el joven novicio náhuat-pipil anticiparía la experiencia mito-poética de Juan Rulfo al descender por las peligrosas grutas que de la epidermis de la Tierra lo conducen hacia su más recóndita entraña, a la más oscura. De ese sitio lúgubre rescataría los tesoros —las almas múltiples de las cosas que habitan el mundo terreno. Todo esa energía oculta de lo vivo, los seres que habitan el inframundo se la entregan a manera de regalo y don precioso.

De manera similar, en su jugueteo juvenil, una figura mítica de lo Uno y lo múltiple —del infinito matemático (n + 1) y del yagual en ADN que forman el Universo y Multiverso— los Tepehuas dispersan las aguas y reproducen la vegetación en prueba que la disemi-Nación exhibe el modelo de toda identidad social. En prueba también que lo más esencial y propio a la existencia humana se recibe como gracia y se comparte como materialidad de o común, de una comunalidad funda un mundo colectivo y múltiple.


Hay más ya que toda unidad (1), aún la más sencilla, se desdobla siempre hasta el infinito (n+1)…

jueves, 13 de enero de 2011

BOTELLA AL MAR, Edgar Quisquinay




BOTELLA AL MAR

¿..Has visto
el atardecer de ayer?
...todavía se mecía
en el mar
la silueta de la botella...
naúfrago
de silencios
he escrito prisas en
un trozo de tela
he releído mil veces
sus líneas
para conjurar el silencio
que se apodera
de mi presente y del punto
que
creo
es el sur...
Ahora,
mi prisionero del cristal,
recorre las aguas
y espera tus ojos...
nada más...
tus ojos...


Edgar Quisquinay.