sábado, 5 de marzo de 2011

Rafael Lara Martínez,en un viejo folio del Códice Matritense



El sabio:
una luz, una tea,
una gruesa tea que no ahuma.
Un espejo horadado,
un espejo agujereado por ambos lados
Suya es la tinta negra y roja,
de él son los códices, de él son los códices.
Él mismo es escritura y sabiduría.
Es camino, guía veraz para otros.
Conduce a las personas y a las cosas.

El sabio verdadero es cuidadoso
(como un médico)
y guarda la tradición.
Suya es la sabiduría transmitida,
él es quien la enseña,
sigue la verdad
no deja de amonestar.
Hace sabios los rostros ajenos,
hace a los otros tomar una cara
[una personalidad]
los hace desarrollarla.
les abre los oídos, los ilumina.
Es maestro de guías,
les da su camino, de él depende.
Pone un espejo delante de los otros,
los hace cuerdos, cuidadosos;
hace que en ellos aparezca una cara
[una personalidad].
Se fija en las cosas,
regula su camino,
dispone y ordena.
Aplica su luz sobre el mundo.
Conoce lo (que está) sobre nosotros
[y], la región de los muertos.
[Es hombre serio].
Cualquiera es confortado por él, es corregido, es enseñado.
Gracias a él la gente humaniza su querer
y recibe una estricta enseñanza. Conforta el corazón...

Tomado de Miguel León Portilla: Los antiguos mexicanos. México. Fondo de Cultura Económica. 1978, pp 123