martes, 22 de enero de 2008

Rubén Darío y Pablo Antonio Cuadra


Luis Alberto Ambroggio*

Academia Norteamericana de la Lengua Española

RUBEN DARIO Y PABLO ANTONIO CUADRA: Convergencias y divergencias.

Introducción.

Según la mayoría de los críticos los dos poetas más importantes de Nicaragua que, como dice Julio del Valle Castillo, es "una república inventada por la poesía", Rubén Darío (1867-1916) y Pablo Antonio Cuadra (19122002), coinciden y divergen en aspectos fundamentales de su creación literaria. En esta Nicaragua, "Garganta pastoril de América, como la llamó Neruda, o el Pais-palabra como la bautizó Pablo Antonio Cuadra, su rica y compleja historia corre a través de las vidas y sangres de los poetas que nos ocupan entre los muchos que iluminan el firmamento de este pais centroamericano. Además de sus entrecruces literarios, las inseminaciones darianas como precursor de las expresiones y preocupaciones culturales pabloantonianas (el ser nacional, la simbiosis con la naturaleza y raices nicaraguenses, el hispanismo y cristianismo-catolicismo, como referentes identitarios y culturales, temas que analizaremos en detalle y que están estrictamente entrelazados), en ambos poetas, notamos un recorrido político que cubre aspectos liberales y conservadores, con la libertad de movimiento que acompaña a los grandes pensadores que no son monolíticos en el desarrollo de su pensamiento y estética; y escapan a ideologías aunque no convicciones.

Modernismo y vanguardia: comunalidades y diferencias más allá de los movimientos.

Federico de Onis sostiene que la vanguardia lleva a consecuencias últimas principios del modernismo[1]. Sin discutir por el momento estos encasillamientos, pensamos como Carlos Tünnermann Bernheim en un Rubén Darío, que impregna todo el siglo XX de Pablo Antonio Cuadra y otros escritores y es un “Puente hacia el siglo XXI”. [2] Ya lo dijo Borges “cuando un poeta como Darío ha pasado por una literatura, todo en ella cambia”[3]. Afirma el mismo Pablo Antonio Cuadra: “En 1929 fundamos en Granada un grupo de poetas, el movimiento literario que se llamó "Vanguardia". Nos propusimos dos metas aparentemente contradictorias: 1) abrirnos y asimilar las nuevas corrientes de las literaturas de Vanguardia del mundo, y 2) Buscar y afirmar nuestra identidad nicaragüense. El primer objetivo era parte de nuestra herencia de Rubén Darío: continuábamos su obra de desprovincialización y universalismo. El segundo era una necesidad de pueblo joven que se volvió perentoria para nuestra generación porque, por esos años, Nicaragua fue víctima de una intervención extranjera. El movimiento de vanguardia nicaragüense fue, en resumen, una doble búsqueda: de novedad y de raíces.” [4]

Pero la envergadura de las obras de Darío y Pablo Antonio Cuadra hace que ambos superen los análisis generacionales, de grupos o de movimientos, con que los críticos literarios intentan categorizar las creaciones de poetas. En el caso de Darío, como el mismo Pablo Antonio Cuadra señala en su entrevista de 1999, se acentúa con más frecuencia en la actualidad la continuación de ciertas características estéticas substanciales de su modernismo y no tanto la necesidad de la ruptura con sus cánones aparentemente agotados y ciertas manifestaciones periféricas o accidentales de su poética, lejos ya de la actitud inicial parricida de “amados enemigos”: “Posiblemente los poetas de América que le sucedieron no hemos hecho otra cosa que escribir lo que soñó y no escribió Darío. Influye en mí como maestro”[5]. Asimismo, como afirma Nicasio Urbina, decir simplemente “que Pablo Antonio Cuadra es un poeta de Vanguardia es limitarlo a una etapa, importante pero parcial de su obra. Exilios nos vienen a mostrar que PAC llega ser un poeta finisecular y posmoderno, ya que en estas postrimerías del siglo XX, el problema de la identidad y de la migración, del desarraigo y el nacionalismo, establecen los vértices centrales de la polémica”[6].

También en Darío, como en otros exponentes de la así llamada “Edad de Plata” de la poesía española e hispanoamericana, su urdiembre compleja y polifacética integra distintas tendencias estéticas y de pensamiento, entre ellas,

simbolismo, fenomenología (de Husserl: en su reducción eidética con las manifestaciones de transtemporalización, transubicación y deshitorización), prerrafaeilismo, vanguardia, existencialismo (Luis Rosales), como apunta Fernando Abad Nebot en su ensayo “En torno al concepto de modernismo”[7]

y Jorge Eduardo Arellano, en su prólogo a la Poesía Selecta de Pablo Antonio Cuadra[8], cuando habla de las tendencias que influencian la vanguardia nicaragüense, menciona el futurismo, cubismo, dadaismo, superrealismo; y el beneplácito de Cuadra con respecto al ultraísmo español, el creacionismo de Huidobro y otras corrientes literarias.

Ambos poetas coinciden en una poesía comprometida y rebelde contra pensamientos y moldes anquilosados o de moda, con estéticas convergentes en las divergencias, un sincretismo de todas las formas de la lírica, íntima e instantánea, epocal y contextual. “Eramos herededos de Darío, de su lección antiprovinciana de universalidad”[9] (a partir del axioma de Tolstoi: “describe tu aldea y serás universal”). Darío ha encarnado la transición de arte por el arte a la función social y democrática del mismo, y si bien en él prevalece lo sensorial, ornamental, emotivo con una plétora adjetival, con una paleta impresionista, algunas características que luego aparecen en la Generación del 27 (Lorca, Rafael Alberti), Pablo Antonio Cuadra comparte a su manera esas comunalidades con la Generación del 27 y de compromiso, con un verso-librismo, tono coloquial, collage, referentes cotidianos y auctótonos, imágenes sorpresivas, el uso del diálogo y alusiones eruditas, incluso en las ironías.

Suscribimos la tesis de que el modernismo de Darío y la vanguardia de Cuadra son expresiones complejas de avanzada literaria que implican características de post-vanguardia y post-modernismo, en la línea de lo que apuntaba Unamuno al decir: “sólo cuando el individuo colabora en la lucha social contra la explotación económica, tiene la apreciación de la belleza algún sentido, y sólo entonces puede esta apreciación llegar a su máximo, pues sólo cuando los seres humanos sean libres despertará la humanidad a la belleza”[10]

Darío y PA Cuadra a la luz de la ecocrítica.

Otra de las convergencias de estos dos grandes poetas nicaragüenses es la simbiosis con su naturaleza que una lectura ecocrítica como la que ha aplicado el profesor Steve F. White a ambos, siguiendo entre otros las obras de David Abram, Jonathan Bate, Kent C. Ryden y sobretodo de Lawrence Buell, nos permite apreciar de un modo arquetípico, en términos de su ecocentrismo, como ecopoética, internándonos en un “mundo más que humano”, el paisaje invisible y la conexión con un lugar específico[11].

Darío, como señala Menédez Pelayo[12], influenciado por John Ruskin, expresa su amor a la (armonía) de la naturaleza en cuanto ella además refleja las perfecciones divinas. Darío hablaba de una "armonía áspera", a la que Pablo Antonio Cuadra describe con devoción en el comentario Un Atlas de la belleza de Nicaragua: “tener como protagonistas geológicos a volcanes y lagos (si fuéramos griegos ya hubiéramos inventado el mito de que somos hijos de Centauros y Sirenas) pero además, porque esa geología le da a Nicaragua la posición de verdadero centro de América: marca el encuentro de la fauna y la flora del norte y del sur del continente: hasta aquí llegan los pinares que bajan del norte y hasta aquí sube la soberbia grandeza de los árboles y de la vegetación selvática amazónica. Aquí se enlazan las faunas de esas dos ecologías y por lo mismo, hasta aquí llegan las influencias culturales y etnográficas de las culturas del norte que bajan desde Estados Unidos -como los Sutiabas- o de México, como los Nahuas y los Chorotegas; como también llegan hasta aquí las culturas sureñas de las cuales descienden: Ramas, misquitos, matagalpas, chontales y sumos”.[13]

El profesor White sostiene que en Poemas Nicaragüenses, Pablo Antonio Cuadra hizo de la nacionalidad el pivote central que alienta toda su producción literaria, pero en el sentido de que la creación de la identidad nacional la encuentra en aquellos versos donde penetra en el corazón de lo telúrico y lo eleva hasta darle universalidad. El amor patrio palpita en los poemas: “Albarda”, “Jaculatoria del río”, “La vaca muerta”(que continúa el buey dariano de “Allá lejos”), “Poema del momento extranjero en la selva”, los más representativos de la nicaraguanidad. La historia sangrante, los mitos, la flora y fauna, el campesino, se funden en un todo, fiel a los aires nativos. El “túngala, túngala, túngala” del sapo constituye una prosopopeya rítmica, que se eleva en un canto de amor a Nicaragua, concluye White. Según sus estudios ecocríticos, Pablo Antonio Cuadra en plena búsqueda geográfica, procurando definir los parámetros del amor patrio, se esfuerza por fijar puntos geográficos en su mapa ecopoético de Nicaragua, que incluye comunidades imaginadas, el alma de lagos y volcanes, caligrafía de agua y tierra, multiculturas nativas, ecocentrismo en un nuevo descubrimiento cristiano aliado con la biodiversidad, el aprecio de un mundo más que humano. Es un esfuerzo que Pablo Antonio Cuadra ha perseguido desde el primer momento y que White destaca específicamente en poemas de Canciones de pájaro y señora, luego Poemas Nicaragüenses, el Libro de horas, El Jaguar y la luna, Cantos de Cifar y del Mar Dulce, Siete Arboles contra el atardecer, El nicán-nauat y El indio y el violín.

Igualmente y con anterioridad en el caso de Rubén Darío, poemas como “Allá lejos”(“Buey que ví en mi niñez echando vaho un día/bajo el nicaragüense sol de encendidos oros”), “La canción de los pinos”,” Coloquio de los centauros”,” Tutecotzimí”, “Reencarnaciones”, “Augurios”, “Nocturno”, “Los que auscultateis el corazón de la noche”, lo colocan como un profeta y precursor iluminado de movimientos posteriores sociopolíticos, literarios y de preocupación ecológica, por su sensibilidad a la relación entre lo físico y lo metafísico en la compleja, pero armoniosa interdependencia de los ecosistemas en la naturaleza, como condición de vida y de sobrevivencia no sólo material, sino espiritual e integral, la topofilia y biofilia. Hermandad y convivencia, vitalidad de las cosas, animismo en los paisajes, comunicación con la naturaleza que es inteligente y habla; contacto y enlace emotivo a la manera de las creencias, ritos de las antiguas culturas mesoamericanas, conexión reenforzada con los orígenes bioancestrales; estrecho vínculo afectivo con el mundo en el que el poeta habita; ecocentrismo triunfando sobre el egocentrismo. “Oh pinos! Oh hermanos en tierra y ambiente! Yo os amo!...”, “Yo fui coral primero…”. A pesar de sus características europeizantes, en definitiva, no se podría concebir la obra de Darío, su frondosidad, su mensaje, sin su Caribe, su Nicaragua tropical y aborigen. Jean Cassou dijo: “Toda una naturaleza tropical y todo un pasado indio se despertaron en la lengua de Cervantes y de Góngora cuando la voz del nicaragüense Rubén Darío, en esta lengua soberbia, se pudo a cantar”[14]

Darío y PA Cuadra: el ser nicaragüense.

En el comentario antes mencionado Un Atlas de la belleza de Nicaragua, Pablo Antonio Cuadra escribía: “Tenemos que usar los ojos darianos para ver y apreciar a nuestra patria pequeña pero destinada a ser centro y motor de la civilización de América. Pensemos en esa alta responsabilidad que hizo escribir al profeta de nuestra identidad nacional:
"En el lugar en donde tuve
la luz y el bien
¿qué otra cosa podría sino besar el manto
a mi Roma, mi Atenas y mi Jerusalén?”

En la definición del ser nacional, del ser nicaragüense, entran en juego no sólo la necesidad de crear, recrear o rescatar un imaginario nacional, sino de reflexionar y amalgamar el complejo proceso de consolidación de la identidad nacional de un pueblo, de su lugar geográfico, topografía, fauna y flora, sus gentes (como esbozamos en el segmento anterior) en relación a sus raíces e historia, influencias y reacciones internas y externas, incorporación y nacionalización de mitos y leyendas, tradiciones, adaptaciones, compentencia y cooperación, aceptaciones y rechazos, triunfos y derrotas.

Tanto Rubén Darío como Pablo Antonio Cuadra han cumplido para Nicaragua esa misión sublime.

Incluso en el caso de María del Carmen Pérez Cuadra[15] que quiere desconstruir “la apropiación e invención por parte de los modernistas nicaraguenses de la "nicaraguanidad" (tesis que atribuye a Julio del Valle Castillo), por cuanto “tanto para los protagonistas de la generación de Vanguardia, como para los miembros destacados de la generación de los sesenta, la imagen de Darío como símbolo a partir del cual se puede definir a la nación es diverso y no unívoco, sino que más bien se construye de acuerdo a las coyunturas político sociales internas y externas que afectan a la nación”.

Y, sin embargo, su tesis sostiene que Darío es una constante en la definición de la nacionalidad, que ha sido manipulado o usado como símbolo ideológico capaz de imponerse a la comunidad imaginada, es decir, a la nación.

Y aclara: “la formación de una identidad nicaragüense en estos dos momentos de la historia de la literatura, se basa en que a partir de una imagen símbolo se construyen diversos discursos que autentican y repiten hasta convencer al imaginario colectivo que son o somos nicaragüenses, o como dicen Miranda y Bravo:“un discurso homologizante o unificador, pero que al mismo tiempo es excluyente” [16]

Nicasio Urbina dice en este contexto que “Pablo Antonio Cuadra ha sido para el pueblo nicaragüense esa voz, esa mirada, esas ideas. Ningún escritor en la historia de Nicaragua ha pensado la nación, ha intuido sus secretos, y ha hilvanado los retazos dispersos de su identidad, como lo ha hecho el gran poeta Pablo Antonio Cuadra”[17].

Si bien, como escribe Manuel Martínez[18], el “ser nicaragüense” de un Darío librepensador, progresista, anticlerical, cosmopolita, difiere por razones objetivas dell Nicaragüense de Pablo Antonio Cuadra, el mismo Cuadra reconoce en este campo su deuda con Darío. El nicaragüense de un Pablo Antonio Cuadra conservador, católico, tradicionalista, folklórico, representó la oposición de las ideas del ser nicaragüense de Darío: pero incluso en Pablo Antonio Cuadra no hay un concepto monolítico sino evolutivo del ser nicaragüense, un “ser dual con dos mitades dialogantes y beligerantes”, “tipo imaginativo, fantasioso, que con mucha frecuencia llega a la extravagancia barroca o a la fanfarronería”, “un desenraizado, vagabundo y poco tradicionalista” (en fin, el “melting pot” que presenta en sus ensayos sobre la definición y causas del ethos nicaragüense en sus “Escritos a máquina”). No es injusto ni históricamente inaceptable explicar como un proceso dialéctico el dinamismo de la formación del concepto de identidad nacional cambiante que pasa por las fases de tesis, antítesis y síntesis para reiniciarse nuevamente frente a la vida real de la nación y todos sus componentes.

Continúa Martinez en el artículo citado que a partir de Darío, por primera vez, el ser nicaragüense es pensado por una mente propia: sin renegar de las raíces precolombinas, latinas e hispánicas; y en esa zambullida intelectual de Darío, sociológica, etnográfica, histórica y ontológica, usa conceptos, visiones y valoraciones de los cronistas de Indias, de notas de viajeros, textos de naturalistas e historiadores. Esto se diferencia de otros que han visto, han sentido y han pensado el ser nicaragüense con otros ojos, con otros sentimientos, con sus propias ideas y valores de otros contextos y latitudes, otras culturas, como Fernández de Oviedo, Gomara, Las Casas, Squier, además de los aciertos e inquietudes de historiadores como Gámez y Ayón.

Darío, según Martinez, delineó, prefiguró, configuró, los rasgos de la nacionalidad y del ser nicaragüense, y fundó, creó, las ideas del imaginario colectivo, que de alguna manera serán asumidos por los nicaragüenses: “Tienen las naciones su representación y personalidad que da trascendencia a las leyes de su destino”. Definió Darío la noción de “destino común compartido” que tanto anhelaba para Nicaragua, conocedor de las disensiones y reyertas continuas a que vivía sometido el país, por las pugnas de mezquinos intereses partidarios y provincianos. Pero volviendo a su propia búsqueda se identificó con la generación de su época, “que representa el espíritu de nuestra tierra”. “El nicaragüense es emprendedor, y no falta en él el deseo de los viajes y cierto anhelo de aventura y de voluntario esfuerzo fuera de los límites de la patria” . Y se muestra orgulloso de su ser. Aunque Darío se haya servido de las ideas que circulaban en su época, ideas hoy superadas: el Positivismo Spenciariano, el Maltusianismo, el climatismo y su influencia en el progreso de los pueblos, y ciertas ideas americanistas; la intuición del genio de Darío sobrepasó esas limitaciones de pensamiento, gracias al soporte de las ideas liberales y a las corrientes socialistas que tenían curso de libre circulación en Europa, y de las cuales él se nutrió y ratificó en su retorno a una Nicaragua en proceso de cambios y transformaciones, del período la revolución liberal de José Santos Zelaya[19]

Por otra parte, en el contexto del imaginario nacional como constitutivo del ser nicaragüense, Ernesto Cardenal, dice de Pablo Antonio Cuadra que “se nos revela como el más nicaragüense de todos los poetas”. Y Nicasio Urbina

agrega con entusiasmo que En Poemas nicaragüenses se encuentra “el origen de nuestra nacionalidad, la génesis de nuestros más antiguos deseos e ilusiones, la búsqueda visceral de la nacionalidad, del sentido y el ser histórico, y del arraigo existencial. Como dice nuestro crítico inevitable Jorge Eduardo Arellano, este libro "funda la poesía nacional en Centroamérica... canta el campo y la patria de tercera, capta el paisaje y la geografía -la naturaleza desbordante de Nicaragua- y, frente a la intervención extranjera, exalta la identidad propia"[20] Mi lectura de Poemas nicaragüenses es una lectura mítica, una lectura que se sitúa en la dialéctica entre el Paraíso Perdido y la Tierra Prometida”[21] .

Pero nuevamente es el mismo Pablo Antonio Cuadra quien nos remite a Darío, al escribir en uno de sus artículos periodísticos: “Rubén decía a Nicaragua. Que era su palabra. La palabra del nicaragüense”. Así centraba la identidad nicaragüense, de su expresión, en ese “paisano inevitable”, como llamaba José Coronel Urtrecho a Rubén Darío.

Darío y PA Cuadra: la hispanidad

Cuando Rubén Darío dijo “Soy un hijo de América, Soy un nieto de España”, reconocía las fuentes nutritivas y la identidad cultural de donde procedía. La hispanidad constituye un elemento esencial de su identidad nacional y cultural., independientemente del despecho por la cultura reinante y por el mestizaje que le hace decir “Si hay poesía, ella está en las cosas viejas: en Palenke y Utlatán...”; también fortalecía su identidad frente a la amenaza de invasión y usurpación como en su poema “A Roosevelt” cuando contrapone a los Estados Unidos “la América nuestra.../la América fragante de Cristóbal Colón/...la América española,” y advierte “Tened cuidado. ¡Vive la América Española!/Hay mil cachorros sueltos del León Español”. Así en sus Cantos de vida y esperanza, eleva el estandarte de la dignidad hispanohablante, afirmando sus raíces indo-hispanas y proclamando el espíritu común que unifica nuestra entidad regional y cultural. En este libro –como escribe su biógrafo Edelberto Torres- “el amor a España…pervade…hasta el grado que podría decirse que…es el evangelio americano del culto a la Madre Patria”[22]

Este hispanismo nacionalista, fuerza del mestizaje, el “criollismo”, implica una duplicidad, como argumenta Benedict Anderson[23], por caracterizarse por un proceso de independencia y de depencia fatalista con la madre patria, presente siempre en el esfuerzo de legitimación e identificación en la búsqueda identitaria. Dice precisamente Pablo Antonio Cuadra refiriéndose a Darío: “En Rubén, el indio pide y obtiene la palabra, pero quien habla es el mestizo. La mayor grandeza de Darío en su liderato poético es haber resuelto el nudo gordiano del mestizaje, apretando el nudo en vez de soltarlo, sumando en vez de restar. Darío se niega a considerar los dos factores del mestizaje como antítesis, como contradicciones desgarradoras, y los une iniciando una síntesis. Valora lo indio, pero valora también lo español. En todos los momentos estelares de su poesía americana y americanista, Darío alza como bandera de esperanza la riqueza y variedad mestizas de una raza nueva y de una cultura nueva, abonadas “de huesos gloriosos” e irrigadas por los dos grandes ríos: el español y el indio”[24].

Cabe destacar que la poesía de Rubén Darío, a pesar de su “afrancesamiento” (preferencias por Hugo, Verlaine, la confesión de “mi esposa es de mi tierra; mi querida de Paris” de Palabras Liminares), se adscribe totalmente a la literatura española, no sólo en el contexto y superando la de la Generación del 98 con Unamuno, Valle Inclán, Azorín y otros (sufriendo esa España trágica de fin de siglo), sino luego con Manuel y Antonio Machado, Juan Ramón Jimenez, la Generación del 27, por mencionar algunos. En las Letanías de Nuestro Señor Don Quijote, en otras cosas, implora “por nos intercede, suplica por nos/pues casi ya estamos sin savia, sin brote, /sin alma, sin vida,, sin luz, sin Quijote... De tantas tristezas, de dolores tantos,/ de los superhombres de Nietzsche, de cantos...¡líbranos, señor!”. No sólo vive la tragedia de España, penetra el alma española, la siente oscura e inmortal, vibra su sangre fecunda, llena de dones y valores, pasado y futuro, y la reseña en su libro España contemporánea, publicado en París 1901 (Ed.Garnier Hnos.), la libera con su “moderno estilo fresco, vital, desbordante, de bellezas antes insospechadas...” (Charles D. Waltand)[25] y le da esperanza de regeneración como en los versos de su soneto: “Dejad que siga y bogue la galera/bajo la tempestad, sobre la ola:/va con rumbo a una Atlántida española,/en donde el porvenir calla y espera.../que la raza esté en pie y el brazo listo,/que va en el barco el capitán Cervantes/y arriba flota el pabellón de Cristo”.

Por su parte Pablo Antonio Cuadra continuó y se inquietó casi pioneramente por la tarea de la Hispanidad, con una disparidad de intereses, pronunciamientos y actividades que abarcan toda la gama del espectro político, incluyendo el franquismo y monarquismo, que luego modificará aceptando posturas más modernas, de regímenes fuertes cooperativistas de gobierno, sin abandonar el sentido fundacional de la tradición. Curiosamente en una carta Carta a Eugenio Vegas Latapie, fechada el 17 de febrero del año 1938, desde Granada, Pablo Antonio Cuadra le hace referencia al ensayo sobre Rubén Darío y el imperio Español., que le ha solicitado. En 1935 en otra carta a José María Pemán (Acción Española, Madrid), Granada, el 5 de septiembre de 1935, Cuadra se expresa: “Muy admirado amigo: Para nosotros, España, sigue siendo madre. De ahí que sigamos paso a paso, unidos de corazón, vuestros pasos de reconquista. El retorno del Rey, que sería, estoy seguro –después de esta amargura democrática– un franco retorno a nuestra tradición, abrirá nueva era en España y su ejemplo beneficiará inmensamente a nuestros pueblos... ¡Dichosos ustedes que pueden luchar por un príncipe! Amar su doctrina en la encarnación de un jefe, que trae en sus venas todas las glorias del pasado y está robustecido por la legitimidad de una institución secular”.

En su estudio sobre “La hispanidad y lo nacional en el pensamiento de Pablo Antonio Cuadra”, Alicia Inés Sarmiento describe su concepto de hispanidad como que “se debe exclusivamente a la línea de la tradición la definición

del espacio vital en el que la nueva cultura se desarrolla desde su origen, eso que podríamos denominar analógicamente como un ámbito espiritual ya que no sólo atiende la constitución del espacio territorial –de suma importancia tratándose de América-, sino que funciona como el humus en el que alienta el espíritu que genera el pensamiento y las acciones de los hombres que en él viven inscriptos en el tiempo y abiertos a la trascendencia. Esta matriz capaz de generar religaciones básicas, en las que los hombres se reconocen y se relacionan entre sí y marca todas sus obras, es la Hispanidad. Ella es la zona que contiene, uniéndolos, los dos espacios territoriales: España y América y les da una dimensión universal.”[26].

Pablo Antonio Cuadra propaga por toda América su visión de la hispanidad. Empieza en 1933 con un histórico viaje de Centroamérica a Buenos Aires el camino de la Hispanidad. De ese año y los inmediatamente siguientes datan dos libros, Hacia la Cruz del Sur y Breviario Imperial, que fueron editados en Madrid por Acción Española. Su obra es contemporánea y semejante a la que produce Ramiro de Maeztu.

En 1939, recién terminada la guerra civil y con victoria franquista, visita por primera vez España. Vuelve en 1946 y es elegido en El Escorial internacional del Instituto Cultural Iberoamericano por representantes de casi todos los países hispánicos. En México escribe su libro, Entre la Cruz y la Espada, que edita en España el Instituto de Estudios Políticos. Allí habla de la Hispanidad de este modo: «más que defensa, la Hispanidad es permanente conquista. Hacia fuera y hacia dentro. Hacia fuera: en todo lo que podemos hacer e influir unidos. Hacia dentro: en todo lo que podarnos hacer e incorporar uniéndonos»[27]. Regresa a España en numerosas ocasiones como en peregrinación.

Sin embargo, la visión de Pablo Antonio Cuadra de la hispanidad es más completa que una visión imperial, monárquica, franquista; es una visión fundacional, identitaria, pilar de espacio de formación, de unidad, de orden material y espiritual. En su obra Breviario Imperial, en palabras de Alicia Inés sarmiento, Cuadra desarrolla en “toda su dimensión, la visión nacional, la americana y la noción de Hispanidad como espacio material y como ámbito espiritual. Para mostrar la íntima relación entre estas dimensiones vuelve al origen: el Imperio Español. Desde su presente y ante las ruinas de una América desmembrada, reconoce que los elementos constitutivos de ese Imperio destruido, contra los que se ha atentado tantas veces: la misma tierra conquistada, la misma lengua, la misma religión, todos estos componentes aún perviven en América “demostrando que aún somos capaces de abarcar la inmensidad de nuestro pasado” Entonces explica cómo la América fue hecha y configurada a través de la conquista en el molde imperial y cómo la revolución romántica liberal atentó contra los dos grandes pilares de esa conquista: La Catolicidad y la Hispanidad. Por eso afirma: América ha sido formada a base de la Cruz y de la Espada. De la Cruz, arma de la Catolicidad, y de la Espada, arma de la Hispanidad; y si La Cruz y la Espada eran abolidas como signos sostenedores del espíritu unidad de nuestras tierras, vendría –como ha venido-, la disolución y el caos”[28].

Podemos concluir parafraseando a Alicia Inés Sarmiento que en su continuo intento por explicar el alma nicaraguense, dentro del ser centroamericano, e hispanomericano, Pablo Antonio Cuadra acudió a su ancestro indígena, a la visión católica e imperial de la España fundadora, cimentando su americanismo frente a la invasión extranjera y la disgregación de las naciones hispanoamericanas. Dentro de esta búsqueda de toda una vida se adhirió con esperanza a la Revolución de 1979 y a su proyecto nicaragüense para desilusionarse –como tantos otros- ante el giro cubano, la militarización, abusos de poder, desplazamiento de poblaciones indígenas y la represión aplicada por los supuestos libertadores. Denuncia, se exilia una vez más, para volver luego aferrado a la tradición y a su alma nicaragüense, siendo dos años antes de su muerte, declarado Ciudadano del Siglo.

El catolicismo-cristianismo en Darío y PA Cuadra

Finalmente, destacamos el catolicismo-cristianismo en estos dos grandes poetas como referentes identitarios y culturales que los definen. No discutiremos aquí si estos grandes poetas eran creyentes o practicantes de una religión, sino las manifestaciones e importancia que el catolicismo-cristianismo tiene en sus obras, como expresión personal, cultural y literaria.

A pesar de su anticlericalismo juvenil jacobino que le hace escribir “No vayas al Altar, Santo Tirano,/que profanas de Dios la eterna idea./ Aún la sangre caliente roja humea/en tu caliz, en tu estola y en tu mano”.Darío afirma con frencuencia “Yo creo en Dios”, participa en actividades de la Iglesia (aunque sea por prestancia social), cuando regresa a León va a Misa en la catedral y exalta como grito de rechazo frente a la potencia del Norte, “la América Católica”. Va a Roma el 1o. de Enero de 1900 y lo primero que hace es recorrer la Basílica de San Pedro. La descripción detallada de esta visita indica un conocimiento y una devoción imposible en un indiferente. Visita a mi ciudad natal, Córdoba, Argentina y le canta a su querido pastor de Cristo, el Obispo Fray Mamerto Esquiú. “Jesús, incomparable perdonador de injurias”, versifica en “Spes”. En el momento de su muerte, según el testimonio del canónigo que lo confesó Nicolás Tijerino y Loaisiga, “[m]urió como buen cristiano. Purificó su alma con ardientes besos al Crucifijo y el sacramento de la Penitencia”[29], sepultado en la Catedral de León, al pie de la columna de San Pablo, símbolo de conversos influyentes . Erick Blandón[30] ha discutido en detalle la politización del catolicismo-cristianismo de Rubén Darío, en términos de las manipulaciones liberales, conservadoras, revolucionarias del caso. En la línea conservadora, Luis Alberto Cabrales elabora su ensayo sobre “el sentimiento religioso” en su poesía[31].

Por otra parte, Octavio Paz sostiene que : “aunque a Darío le repugnaba el ateísmo racionalista y su temperamento era religioso, y aun supersticioso, no puede decirse que sea un poeta cristiano, ni siquiera en el sentido polémico que lo fue Unamuno. El terror de la muerte, el horror de ser, el asco de sí mismo, expresiones que aparecen una y otra vez a partir de Cantos de vida y esperanza, son ideas de sentimiento y raíz cristiana; pero falta la otra mitad, la escatología del cristianismo. Nacido en un mundo cristiano, Darío perdió la fe y se quedó, como la mayoría de nosotros, con la herencia de la culpa, ya sin referencia a un mundo sobrenatural (1972, 62)”[32].

Me cabe disentir de esta posición, aunque admito que las expresiones y acciones de Darío en su catolicismo-cristianismo son ambivalentes y diversas en las diferentes etapas de su vida. Sostengo, sin embargo, que -independientemente de la ética de vida y de haber compartido ideas esotéricas de panteismo, pitagorismo, teosofismo y ocultismo con supersticiones- , basado en lo anteriormente expuesto, el paradigma del catolicismo-cristianismo como elemento identitario de su obra y contribución a la cultura de Nicaragua y el Universo, es importante y definitorio.

En el caso de Pablo Antonio Cuadra, el cristianismo-catolicismo es abierto, militante, sobretodo en respuesta a la catástrofe de la segunda guerra mundial, poniendo en Cristo la esperanza de la resurrección con su Canto Temporal. Como afirma Carlos Tünnermann Bernheim “En este extraordinario como lacerante poema autobiográfico… Pablo Antonio volcó su cosmovisión que parte del limo perecedero y se eleva hasta la llaga del costado. Desde entonces Cristo estará presente en la poesía de Pablo Antonio. A la cuerda nacionalista se unirá la cuerda cristiana: “el canto patrio con el salmo religioso”. Y como en él lo nacional es lo americano, su poesía resuma un americanismo cristiano que ha decir al gran crítico y poeta español José María Valverde que: Entre el americanismo sombrío y feroz de Neruda y el desamparado y trágico de vallejo, surge el americanismo cristiano de Cuadra: su poesía vive su tierra con fe, con serenidad, con alegre ironía en la palabra, pero no por ellos es ajena al dolor de su pueblo sino solidaria con su esperanza”[33]. El Libro de horas, con su tono y temáticas bíblicas, es un canto jubiloso y solidario de este reencuentro con Cristo, resaltando la fe, la esperanza y la caridad, “ligando al tiempo y a la naturaleza a los misterios cristianos”, como él mismo afirma[34] y que Steve White analiza como contradiscurso ecocéntrico en una nueva edad media cristiana, en el que se combina el antropocentrismo del cristianismo con el ecocentrismo de la espiritualidad indígena.

Esta nueva “cristiandad” entonces es una expresión renovada de la Cruz que forma parte de la tradición en que Pablo Antonio Cuadra ancla su identidad como nicaragüense, hispanoamericano, y que aspira rija la nación y la sociedad con una cultura greco-romana, católica, aportada por la herencia española, pero conformada a partir de lo indígena, el universo auctótono, de la Nicaragua centroamericana en rechazo absoluto a intervenciones extranjeras y valores foráneos a las tradiciones arriba mencionadas.

Con conceptos críticos de la Dra. Adriana Corda[35], me atrevo a concluir que Rubén Darío y Pablo Antonio Cuadra, a pesar de la diferencia formal, se han unido en el discurso y escritura identitaria, contribuyendo a la definición y conformación de la identidad nacional, un concepto siempre dinánico, en continuo movimiento y construcción, con sus textos magistrales sobre los grandes temas del ser nacional, de la simbiosis con la naturaleza y raíces nicaraguenses, incluyendo lo indígeno con el hispanismo y cristianismo-catolicismo, como referentes identitarios y culturales, que los hacen, con sus aportes comunes y diferenciados los poetas nacionales por antonomasia de Nicaragua, parte “de la América ingenua que tiene sangre indígena/que aún reza a Jesucristo y aún habla español”, como le decía Darío a Roosevelt. “Patria...entendida en vegetales/que cantan...”, en donde “la selva es un viejo animal sobre la tumba de nuestros nuestros”, en los versos de Pablo Anotnio Cuadra..☺

*Luis Alberto Ambroggio es Miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, Director de la Academia Iberoamericana de Poesía; y The Academy of American Poets. Su poesía ha sido grabada en los Archivos de Literatura Hispana de la Biblioteca del Congreso de los EE.UU.Internacionalmente reconocido, con nueve poemarios publicados, integra libros y numerosas antologías poéticas de los EE.UU. (Cool Salsa, Tigertail, Red Hot Salsa,DC Poets Against the War), España (Nueva Poesía Hispanoamericana, Muestra de la poesía del siglo XXI, Prometeo y otras) y América Latina (Argentina en Verso, Poesía Hispanoamericana). Traducida al inglés, italiano, francés, portugués, turco y rumano, su poesía aparece en revistas, suplementos culturales y textos de Literatura (“Pasajes” y “Bridges to Literature”) y en periódicos como The Chicago Tribune, El Universal de Caracas, El Nuevo Diario y la Prensa de Nicaragua, El Colatino de El Salvador, la Gaceta Iberoamericana de Cultura, el Diario de las Américas de Miami. Ha obtenido premios y distinciones, siendo nombrado en el 2006 como uno de los poetas favoritos para el mes de la Poesía por la Asociación de Profesores de los EE.UU. y seleccionado para el programa de poetas vivos de la Biblioteca Nacional de España.


[1] Citado por. I.A. Schulman, “Reflexiones en torno a la definición de modernismo” en L. Litvak, El Modernismo, Madrid: 1975, p.92

[2] Carlos Tünnerman Bernheim, Rubén Darío: Puente hacia el siglo XXI y otros escritos, Managua, PAVSA, 2003.

[3] Ver Luis Alberto Ambroggio, “Borges y Darío”, Hofstra University, Decenio, Ed. 26, 27 y 28, Oct.-Dic.2006

[4] PAC en entrevista con Ariel Montoya, suplemento La Prensa Literaria (05/01/2002).

[5] PAC en entrevista con Floriano Martins, publicada en la Revista Andromeda, San José de Costa Rica, 1989.

[6] Nicasio Urbina, “Pablo Antonio Cuadra: la construcción de un imaginario nacional” Itsmo, www.literatura.us/cuadra/urbina.html - 93k

[7] En Rubén Darío, Antología Poética, Biblioteca Edef, Madrid: 1981. pp 207-219.

[8] Pablo Antonio Cuadra, Poesía Selecta, Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1991.

[9] Entrevista con Floriano Martins, publicada en la Revista Andromeda, San José de Costa Rica, 1989.

[10] Citado por L.Litvak, “Ruskin y el sentimiento de la naturaleza en las obras de Unamuno”, CCMU (Salamanca), XXIII, 1973, pp. 211-220, p.220

[11] Resumo muy someramente aquí los estudios de Steven F. White en El mundo más que humano en la poesía de Pablo Antonio Cuadra, un estudio ecocrítico, Managua: Asociación Pablo Antonio Cuadra, 2002 y la conferencia inédita dictada en Hofstra University, “Rubén Darío: Atisbos del pensamiento ecocrítico” (Octubre, 2006).

[12] Menéndez Pelayo, Historia de las ideas estéticas en España, IV, Madrid, 1962, p. 402.

[13] Pablo Antonio Cuadra, comentario “Un atlas de la belleza de Nicaragua”, No. 3, Julio 97, en mypage.direct.ca/a/agarcias/tres1.html - 11k

[14] Citado por Carlos Tünnerman Bernheim, o.c., p. 16.

[15] En su trabajo“La Imagen de Rubén Darío en Dos Momentos de la Historia Literaria Nicaragüense”, La Generación de Vanguardia y la Generación de los Años Sesenta | 2005, 13 de Octubre:

[16] Miranda, Nelly/Bravo, Alejandro “Literaratura, identidad y conciencia nacional” en Frances Kinloch (edit.), Nicaragua en busca de su identidad, Managua, Instituto de Historia de Nicaragua, Universidad Centroamericana, 1995, p. 32.

[17] Nicasio Urbina Pablo Antonio Cuadra, el crítico literario”, Pluma en el Blanco, www.ideay.net.ni/index.php?s=15&articulo=124 - 34k

[18] Manuel Martinez, “El ser nicaragüense”, El Nuevo Diario, 18 de Octubre del 2005.

[19] Manuel Martinez, o.c., 18 de Octubre del 2005.

[20] Jorge Eduardo Arellano, o.c., p. 27

[21] Nicasio Urbina, "Formaciones míticas en Poemas nicaragüenses". Pablo Antonio Cuadra. Valoración múltiple Jorge Eduardo Arellano (ed.) Managua: Troqueles, 1994. p. 182-192.

[22] Edelberto Torres, Rubén Darío, Grijalbo, Barcelona, 1966, p. 330.

[23] Benedict Anderson, Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo, México, FCE, 1993.

[24] Pablo Antonio Cuadra, Aventura literaria del mestizaje y otros ensayos. Obras en prosa (vol.II). San José: Libro Libre, 1988, p.93.

[25] Citado por Carlos Tünnerman Bernheim, o.c., p. 85

[26] Alicia Inés Sarmiento, “La hispanidad y lo nacional en el pensamiento de Pablo Antonio Cuadra” (Nicaragua 1912-2001), Cuadernos del CILHA. Revista del Centro Interdisciplinario de Literatura Hispanoamericana, No. 6, pp. 185-214

[27] Reseña del hispanismo de Pablo Antonio Cuadra que aparece en Alférez, Madrid, julio y agosto de 1948, Año II, números 18 y 19.

[28] Alicia Inés Sarmiento, o.c., p. 185-214

[29] Citado por Erick Blandón. en su artículo “De la monumentalización católica de Rubén Darío al hallazgo de El Güegüense por el Movimiento de Vanguardia” (Tomado de la disertación doctoral, Colonialidad, sexualidad, género y raza en El Güegüense y otras fiestas del barroco descalzo (Hegemonías y subalternidades culturales en Nicaragua), defendida en la Universidad de Pittsburgh el 5 de noviembre de 2001), www.ibw.com.ni/~quintani/artefacto/dario.html - 56k.

[30] Erick Blandón, artículo citado, www.ibw.com.ni/~quintani/artefacto/dario.html - 56k.

[31] Luis Alberto Cabrales, “El sentimiento religioso en la obra poética de Rubén Darío” en La Prensa, 4 de agosoto de 1938..

[32] Citado por Erick Blandón, articulo citado en nota 29.

[33] Carlos Tünermann Berrnheim, o.c., pp. 93-94

[34] Pablo Antonio Cuadra: Obra poética completa. Cuaderno del Sur. Canto temporal. Libro de Horas, San José Costa Rica, Libro Libre, 1964, p. 63.

[35] Adriana Corda, “El Discurso de la Identidad en LOS HABITANTES DEL POETA de Luis Alberto Ambroggio”, X Congreso Nacional de Lingüística, Universidad Católica de Salta, Julio, 2005, p.1.