miércoles, 2 de diciembre de 2009


Nacho-Chofi

Jaime Sabines


Amanecí triste el día de tu muerte,

No la sabia, no la supe
hasta que el sol cedió al ocaso
partiendo contigo...

Era extraño el viento
que camino conmigo
-frío, vacio e insospechado-
en su afán de marcar mis pasos
dibujaba imágenes
de esa Nicaragua, tan tuya,
tan nuestra, tan de ella sola

los pasillos de tu casa,
se volvieron mis corredores universitarios
tenia un lejano olor a tu tabaco, mi escuela

me pareció oírte decir; como cada desayuno
al levantar la mesa: -Anda, ocúpate en algo-
Y sin pensarlo dos veces me metí a coordinar
un foro , al que ya no vendrías, pero estarás

Hiciste bien en morirte,

el mundo quería retenerte
en su pronombre posesivo
de amor egoísta y familiar
dependiente...

querías morirte y te aguantabas.

en tus ganas de querer y hacer
hasta el ultimo minuto posible
en tu vocación de
Hombre útil, justo y necesario

¡Hiciste bien!

Yo no quiero elogiarte como acostumbran los arrepentidos,
porque te quise a tu hora, en el lugar preciso,
y harto sé lo que fuiste,


...Hombre todo, soñador errante, galante
profeta de la memoria histórica que hoy te guarda
ángel del buen augurio, de futuros posibles,
mi abuelo, mi padre y mi amigo...

pero me he puesto a llorar como una niña porque te moriste.

Ya sé que es tonto eso...
que más vale callar,
¿pero qué quieres que haga
si me conmueves más que el presentimiento de tu muerte?


me gustaría que cantaras

como cuando en México le hacías canciones a Los Panchos
y acompañabas en los coros a Jiménez

...que contaras el cuento...

De tu Nicaragua libre...
....de como lo lograron...

y de como ganaste después la
batalla que conquistó a mi abuela

En el medio justo de dos o tres ideas que llenaron tu vida
te repetías incansablemente

Para que no olvidáramos lo que somos,
a lo que nos debemos, era tu manera de grabarnos
despacio que nos querías, de enseñarme a de- construir la historia
para con sus ladrillos, fabricar puentes entre el pueblo y la gloria


Ha de haberse hecho el cielo ahora con tu muerte,
y un Dios justo y benigno ha de haberte escogido.


Exijo que los ángeles te tomen
y te conduzcan a la morada de los limpios.
que la muerte recoja tu cabeza blandamente
y que cierre tus ojos con cuidados de madre
mientras entona cantos interminables.


¡Hasta nuestro encuentro! ¡Siempre, Nacho!

Edgardo Zamora Briones, 29/11/09