jueves, 11 de febrero de 2010

A PROPÓSITO DEL DÍA DEL AMOR

Cada 14 de febrero se celebra a nivel internacional el día del amor y la amistad.
En ocasiones pasadas hemos hablado de su nacimiento en las festividades de Los
Lupercales romanos, su transformación con la intercesión de Valentín, quien desafiando los decretos del emperador Claudio casaba a jóvenes parejas en secreto bajo el ritual de la Iglesia.
Como a través del tiempo se ha venido celebrando en distintas latitudes o como desde el siglo XIX de la mano de los norteamericanos el dios dinero acabo por convertir esta fecha en un próspero negocio.

Ahora queremos conversar más sobre el amor, su luz y sus sombras o como lo denomina Aldo Carotenuto
Eros y Pathos
Matices del sufrimiento en el amor
No es exagerado decir que, salvo raras excepciones, todos hemos sentido alguna vez los efectos del enamoramiento. Todos somos -querámoslo o no- el resultado del Eros. Lo que tal vez no llegamos a comprender plenamente es la cuota de dolor y sufrimiento que acarrea esta sublime y humana experiencia. ¿Por qué tememos al amor? ¿Por qué herimos a quienes amamos? ¿Por qué jamás nos sentimos satisfechos cuando amamos?

…El amor es entonces una chispa divina -y con este término entiendo una fuerza que contiene en sí ambos polos de la dicotomía bien/mal- que ilumina por un instante nuestra existencia. Pero aquel instante puede otorgar sentido a toda una vida, porque ha provocado profundas resonancias desde los abismos de nuestro ser: es una especie de fulgor que, en el fluir del tiempo, hace aparecer la dimensión de la eternidad. Pero es una "eternidad" que tiene una vida muy breve. Este estado de gracia no puede durar, porque el ser humano no puede soportar la tensión del conocimiento.

… El amor rompe los diques de la existencia y perturba el orden establecido, por lo que debe ser destruido. Las leyes no pueden prohibir a los seres humanos enamorarse, pero es la sociedad misma la que deja morir a quienes han osado trasgredirlas, trayendo una chispa divina al curso siempre igual y gris de la existencia.

Esta no pretende ser una conclusión negativa sobre el amor, sino una invitación a reflexionar. Debemos darnos cuenta de que estamos desgarrados por una profunda ambivalencia: por una parte, deseamos, anhelamos el amor, por la otra, lo repudiamos porque tenemos temor, y nos refugiamos en la cotidianidad.